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MARCHA DE PUNTILLAS Y TEA

 

Relación de marcha de puntillas (MPI) yTEA

Los pacientes con trastornos del neurodesarrollo presentan MPI con mayor frecuencia que la población general. Esta relación está bien definida, como previamente hemos indicado, de manera que encontramos MPI en trastornos del espectro autista (19-63%), trastornos del lenguaje (16-22%), trastornos cognitivos (30%) y trastornos del aprendizaje (20%). Pero no hay ningún estudio que analice la presencia de MPI en pacientes con TDAH, trastorno que es la primera causa de consulta psiquiátrica en nuestro medio, pues está presente en el 3,5% de los escolares españoles13.

En nuestra muestra, el 20,8% de los niños con TDAH presentaban MPI. Aunque este patrón de marcha fue más frecuente en el subtipo combinado, no alcanzó significación estadística. Por otro lado, observamos que no todos los pacientes con MPI, en el momento de su valoración, presentaban acortamiento aquíleo, aunque es posible que con el paso del tiempo sí lo acaben presentando, ya que, como se indica en los trabajos de Engelbert, los pacientes con MPI reducen progresivamente su capacidad de flexión dorsal del tobillo, lo que se traduce frecuentemente en acortamiento aquíleo o, incluso, de otros niveles tendinosos de la cadena muscular posterior de los miembros inferiores14.

Encontramos una relación estadísticamente significativa entre la MPI y la presencia de trastorno en el área de la sociabilidad (sin cumplir criterios de trastornos del espectro autista), hallazgo que se encuentra en consonancia con la mayor frecuencia de MPI en pacientes con trastorno del espectro autista. Asimismo, se halló una fuerte relación entre MPI y la presencia de antecedentes familiares de primer grado de equinismo funcional, lo que refuerza la hipótesis de heredabilidad de la MPI. Pero no encontramos asociación con otras variables analizadas como sexo, prematuridad, gravedad, tics, trastornos del lenguaje, coordinación motora, lectoescritura o comorbilidad psiquiátrica.

Parece que la presencia de MPI entre niños con trastornos del neurodesarrollo se debe a un trastorno de la sensibilidad propioceptiva y táctil. Así, Montgomery y Gauger en 1978 presentaron una serie de casos en la que consideraban una posible alteración en el procesamiento sensorial y de la sensibilidad propioceptiva como primera causa de MPI, pero no llegaron a conseguir la significación estadística15.

Posteriormente, en 2011 Williams et al. realizaron un estudio en el que valoraron, sobre un tapiz vibrante, a pacientes con MPI y sin ella y observaron que los pacientes con MPI presentaban umbrales de sensibilidad vibratoria inferiores a los pacientes con marcha normal, así como una peor coordinación. Estos datos apoyan la hipótesis de que esta marcha se debe a una alteración del procesamiento sensorial que provoca que estos pacientes necesiten estímulos propioceptivos más intensos para mantener una postura estable5.

A pesar de que muchos de nuestros pacientes con MPI presentaban dolor, la mayoría no había consultado nunca por este motivo a ningún médico. Creemos fundamental diagnosticar de manera precoz la presencia de MPI para aplicar un tratamiento eficaz (fisioterapia, toxina botulínica, ortesis…) que sea capaz de prevenir la sintomatología asociada (dolor, inestabilidad) o intervenciones quirúrgicas por acortamientos tendinosos.

Este es el primer estudio que demuestra la alta probabilidad de que los niños con TDAH presenten MPI. Esta asociación suele ser infradiagnosticada y puede ser causa importante de morbilidad en estos paciente

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