Infartos cardíacos y accidentes cerebrovasculares constituyen respectivamente la primera y tercera causa de muerte, pero un factor celular no tenido en cuenta -la hipoxia– conecta a la “presión alta” con la segunda causa de muerte de la sociedad post-industrial: las neoplasias. Existe sólida evidencia experimental de que la falta sostenida de oxigenación de un tejido es capaz de promover en éste, un metabolismo fermentativo típico de los tumores, así como todos los rasgos genéticos y fenotípicos del cáncer. De este modo, la progresiva pérdida de capacidad oxidativa del organismo, asociada a la edad biológica, puede inducir el efecto Warburg en cualquier tejido estresado crónicamente por diferentes demandas funcionales.

Observaciones clínicas nos han llevado a formular la hipótesis de que el progresivo e inexplicado incremento en la presión sistólica es en realidad un mecanismo de defensa que permite al organismo compensar inicialmente la declinación de la presión parcial de oxígeno en los órganos y/o la merma de la fosforilación oxidativa celular.

La hipertensión arterial es una necesidad fisiológica

De acuerdo con nuestras observaciones, la progresiva pérdida de capacidad respiratoria celular (como lo evidencia por ejemplo un descenso en el tiempo de apnea basal) genera indirectamente una hipertensión moderada crónica, cuya misión es forzar un incremento en la PtiO2(presión parcial tisular de oxígeno), que optimizaría la síntesis de ATP en las células cuya función mitocondrial está enlentecida. Recordemos que es precisamente el oxígeno quien sirve de aceptor final de los electrones en el extremo terminal de las cadenas respiratorias mitocondriales, razón por la cual su ausencia detendría el proceso de extracción de energía del alimento. Es claro que la hipertensión cumple un rol de rescate funcional, de hecho, todo clínico experimentado sabe que los pacientes mayores requieren una tensión arterial alta para sostener la perfusión en oxígeno de órganos críticos como el riñón, el corazón y el cerebro, mientras que inhibir farmacológicamente la “presion alta” deteriora rápidamente la función cerebral y renal. Al mismo tiempo la hipertensión no tratada entraña un grave riesgo.

, la causa primaria de la hipertensión arterial idiopática ha permanecido, hasta hoy, ignorada. Toda vez que denominamos “idiopática” a dicha patología -es decir, el 95% de las veces- estamos de hecho admitiendo que desconocemos su verdadero origen. Nuestro grupo de investigación considera que la razón de esta falta de explicación apropiada ha sido la incomprensión de la presion alta como fenómeno compensatorio en respuesta a una caída en el output energético de varios órganos del cuerpo. En otras palabras, la hipertensión “idiopática” no es una consecuencia fortuita o accidental de un desperfecto orgánico, sino un necesario ajuste o compensación vascular que busca inyectar oxígeno en el humor intersticial de aquellos tejidos cuya capacidad respiratoria se está depauperando. Frente a una disminución de la capacidad oxidativa en nuestras células (sea por deterioro mitocondrial o por fallo de la microcirculación) el primer recurso compensatorio del cuerpo es incrementar la presión sanguínea para aumentar la perfusión de oxígeno en dichos tejidos asfixiados. Esto nos permite pensar en la hipertensión moderada crónica no como un defecto fortuito, sino como una necesidad fisiológica. El problema es que el cerebro, corazón, riñones, y otros órganos, requieren una determinada intensidad en la penetración del riego sanguíneo -dependiente de la presión-, al tiempo que una hipertensión crónica predispone a infartos y ACVs. Se ha visto que una reducción agresiva de la presión arterial genera deterioro cognitivo y renal en los adultos de edad avanzada, empeorando las lesiones distales en las personas con diabetes avanzada. (3, 4)

Toda tensión arterial mayor a 115/75 debe considerarse peligrosa

La hipertensión arterial tiene una correlación directa y proporcional con la edad, y está involucrada centralmente en la patología cardíaca tanto como en la cerebrovascular. Se ha demostrado hace ya más de una década que presiones sanguíneas consideradas usualmente normales, están asociadas a un riesgo elevado de muerte por ataque cardíaco. Sobre casi nueve mil individuos (Am. J. Med., 2006), Kshirsagar y col. encontraron un  100% de incremento de riesgo en adultos con presiones arteriales entre 120/80 mmHg y 139/90 mmHg.(5) Debe tenerse presente en primer lugar que la hipertensión es virtualmente epidémica en las naciones industrializadas.

No es una casualidad que se haya asociado la hipertensión a una ostensible declinación (20%) de la función renal, en particular en adultos mayores: el incremento de la presión es necesario precisamente para para compensar el empobrecimiento del filtrado glomerular. Es aquí donde forzar farmacológicamente una hipotensión -si bien baja las probabilidades de infarto y ACV- lesiona aún más el órgano debilitado, en particular en personas de edad avanzada

Autor: Ernesto Prieto Gratacós

UMEBIR. Unidad de Medicina Bioregenerativa
Dr. Fernando Ruger Viarengo

Dr. Fernando Ruger Viarengo

Médico especialista en cuidados intensivos, con más de 17años dedicado al ejercicio de la medicina, y doctorado en medicina biológica regenerativa funcional y nutrigenetica en dedicado al ámbito asistencial de esta especialidad, investigación en microbiota y divulgación científica desde el 2012.

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